domingo, 20 de marzo de 2011

¿SE JUSTIFICAN LOS ALIMENTOS ENRIQUECIDOS?




















¿Tiene sentido tomar alimentos enriquecidos o son suficientes los micronutrientes presentes en la alimentación normal para cubrir nuestras necesidades?. La verdad es que la respuesta depende de qué tipo de alimentación sigue uno y dónde se alimenta. Es decir, de si los productos son frescos o no, de si han sufrido cambios durante el proceso de comercialización, de si son o no biológicos... y de otros muchos factores más. Por ejemplo, de en qué etapa de la vida estemos. No conviene generalizar.
Aunque hoy esté de máxima actualidad, la existencia de alimentos enriquecidos no es nuevo. Ya en la década de los cincuenta del siglo XX se llevó a cabo por diversas entidades internacionales -la propia Organización Mundial de la Salud, entre ellas- programas de enriquecimiento de alimentos para luchar contra la desnutrición en zonas deprimidas del planeta. Y así, en algunas zonas se mezcló la harina básica de la alimentación con harinas de pescado para conseguir un mayor aporte de proteínas, en otras se añadió yodo a la leche para prevenir problemas de hipotiroidismo en zonas endémicas y en otras se promovieron programas de fluoración del agua para las evitar caries, programas que se llegaron a hacer universales.
En cualquier caso, es verdad que ha sido en los últimos años cuando se ha producido el auténtico boom de los alimentos enriquecidos. De hecho, leches y yogures con calcio, miel o ácidos Omega 3, cereales y zumos con vitaminas y minerales, galletas enriquecidas o huevos con ácidos grasos cardioprotectores han empezado a formar parte habitual de nuestra dieta diaria.
Al mismo tiempo -y de forma paralela-, se va imponiendo también poco a poco la alimentación con productos naturales. En las principales ciudades se han abierto ya numerosos supermercados que venden exclusivamente productos ecológicos.
Claro que estas dos tendencias no son contradictorias sino más bien complementarias y, en definitiva, son la expresión de la inquietud que se va generando en torno a la alimentación como fuente de salud.
ALIMENTACIÓN MÁS SANA
Una encuesta promovida por el grupo farmacéutico Roche demostraba recientemente que la mayoría de los españoles intenta llevar hoy una alimentación lo más sana y equilibrada posible, señal inequívoca de que hay un notable aumento de personas que buscan cuidar y/o mejorar su salud a través de la comida.
La misma encuesta afirma también que la mayoría busca en el etiquetado de los productos los suplementos deseados, especialmente en cereales, galletas, productos lácteos, margarinas, aceites, refrescos, bebidas y zumos de frutas.
Y es que los cultivos actuales intensivos en invernaderos y los vegetales madurados en cámaras no tienen el mismo contenido en vitaminas y minerales que los productos que han completado su ciclo natural, argumento de peso entre los defensores de los alimentos enriquecidos.
Otro tanto ocurre con los alimentos sometidos a complejos procesos de elaboración en los que se requiere un fuerte aumento de la temperatura ya que ésta destruye buena parte de las vitaminas y minerales contenidos en ellos.
Lo que explica que una parte significativa de los españoles (el 16%) consuma suplementos vitamínicos de manera habitual, como también recoge la encuesta del grupo Roche.
GRUPOS CON MAYORES NECESIDADES
Y si los suplementos empiezan a ser una necesidad para cualquiera lo es en mayor medida para algunos grupos concretos de población. Por ejemplo, para las personas con determinadas enfermedades y las que se encuentran en épocas vitales concretas que hacen aconsejable una alimentación rica en determinados principios inmediatos.
Es el caso de los ancianos -especialmente el grupo de los conocidos en el ambiente médico como frágiles, es decir con unas reservas físicas disminuidas junto con un riesgo más o menos importante de incapacidad- ya que su tipo de vida sedentario y la consecuente falta de apetito suelen llevar a un marcado déficit de micronutrientes, o sea, de las vitaminas, minerales y oligoelementos precisos para mantener al organismo en buen funcionamiento. Un problema que se agrava cuando el deterioro nutricional y la falta de actividad física provocan un aumento de la grasa corporal y pérdida de calcio en los huesos que facilitan el riesgo de fracturas y pequeños traumatismos que pueden mermar la calidad de vida.
Otra etapa vital que precisa mayor aporte de determinadas sustancias es la del embarazo por razones sobradamente conocidas. Y, por supuesto, la infancia. En esta época es fundamental una alimentación equilibrada y rica en micronutrientes para ayudar a completar el crecimiento físico necesario que triplicará el peso del bebé durante el primer año con la consiguiente maduración de los órganos, sistemas y glándulas del cuerpo.
Lo mismo puede decirse de las personas de vida sedentaria y los “deportistas de fin de semana” cuyo organismo no está debidamente preparado para el ejercicio intenso.
Por otra parte, no está de más recordar que el amplio consumo de alimentos con fibra de nuestra sociedad actual condiciona el aprovechamiento de vitaminas y oligoelementos debido al efecto “antinutriente” de la fibra. Porque su exceso puede limitar la absorción de calcio, hierro y algunas vitaminas del grupo B.
LOS ALIMENTOS ENRIQUECIDOS
El actual abanico de alimentos enriquecidos es muy amplio: lácteos con calcio, vitaminas, ácido fólico, jalea real o ácidos Omega 3, margarinas con fitocolesteroles y antioxidantes, cereales con hierro y vitaminas del grupo B, zumos de frutas con todo tipo de vitaminas -especialmente la C-, huevos “sin colesterol” enriquecidos con ácidos grasos de tipo DHA de efecto cardioprotector, galletas con vitaminas, minerales, cereales o fibra... Todo ello sin olvidar las tradicionales papillas de harinas enriquecidas con miel y todo tipo de vitaminas desarrolladas para la primera infancia, los suplementos para deportistas o las bebidas estimulantes con zumos de frutas y aminoácidos, etc.
Y aunque en principio podría parecer que todos esos añadidos son innecesarios en una dieta equilibrada ya que, lo correcto sería conseguir el calcio de los lácteos, el hierro de las carnes y las vitaminas de las frutas y verduras –por ejemplo-, la verdad es que en la sociedad en que vivimos eso requeriría ingerir una cantidad mucho mayor de alimentos de los que normalmente tomamos. Con lo que aumentaría, proporcionalmente, el peligro de sobrepeso y obesidad.
USAR BIEN LOS ALIMENTOS ENRIQUECIDOS
En definitiva, como todo en este mundo, la alimentación es cuestión de equilibrio. Y cada momento de la vida tiene sus necesidades específicas. Siendo oportuno y adecuado, por tanto, tomar en ocasiones suplementos. Pero eso sí, dentro de un orden ya que se puede llegar al exceso de desayunar unos cereales enriquecidos con leche enriquecida junto a galletas enriquecidas untadas con margarina enriquecida y, además, un zumo enriquecido. Lo que nos puede llevar a un exceso de oligoelementos tan peligroso como su carencia.
Obviamente, no está mal tomarlos en otras circunstancias puntuales como es el caso de las personas que hacen mucho deporte. Recordando, claro, que deben consumirlas con precaución quienes padezcan de hipertensión o tengan tendencia al insomnio.
En suma, la manera de conseguir un equilibrio nutritivo idóneo es tener buena información y, como siempre, alimentarse de forma equilibrada. Una dieta convenientemente enriquecida cuando proceda.
Fuente: www.dsalud.com

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